No existe un protector solar mejor en términos absolutos: la elección depende del tipo de piel, la actividad prevista y las preferencias medioambientales.
Protectores minerales
Contienen óxido de zinc o dióxido de titanio y actúan reflejando la radiación en la superficie de la piel. Suelen ser mejor tolerados por pieles sensibles y se consideran menos perjudiciales para los ecosistemas marinos, aunque dejan un tacto más denso y, en algunos casos, un ligero tono blanquecino.
Protectores químicos
Absorben la radiación UV y la transforman en calor. Suelen ser más ligeros y fáciles de aplicar, pero algunos de sus componentes (como la oxibenzona) están cuestionados por su posible impacto en los arrecifes de coral.
Para uso frecuente en el mar, muchas guías ambientales recomiendan optar por fórmulas minerales o etiquetadas como "reef safe", aunque conviene revisar la composición concreta más allá del marketing.